jueves, 20 de abril de 2017

Santi (X aniversario)

«Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir»
(Flp 1, 21)

Gracias, Santi, por todo y por tanto.

"Quiero que este año no sea como otro más, sino que sea el del salto a la santidad, el del encuentro definitivo contigo, y por qué no decirlo, si he de morir, quiero que sea el de mi paso a la eternidad. Ganas locas son las que tengo de ver tu rostro, de participar de tu gloria, de vivir contigo para siempre.

Dame fuerzas, Madre, para luchar y no sucumbir ante las tentaciones, ya sabes lo frágil que soy, gracias por escucharme. Te amo. Amén." (Santi, octubre 2005)

"Gracias por esta enfermedad y por lo que conlleva, aunque sólo sea por los buenos momentos que paso contigo. Gracias por dejarme y permitirme esta intimidad contigo, porque a pesar de mi ineptitud me permites asemejarme un poquito a tu pasión." (Santi, noviembre 2006)




#ValienteEnCristo

miércoles, 19 de abril de 2017

Esa que nos da la Vida

Yo que dije consternado: «los hombres son unos mentirosos» 
(Sal 116, 11)

Cuando uno entra en una Semana Santa sin saber si camina sobre una tierra firme o sobre una vacilante, junto a hombres mentirosos o verdaderos, llega el Viernes Santo y la "historia" es más honda aún porque el cansancio hace presencia, y todo es distinto; conviertiéndose así en una mezcla rara.

El Vía Crucis a las 23:00 fue un calvario para el que no tengo palabras. 

Mientras se iban desgranando las Estaciones, podía oír a una apacible cama que me decía: "Aquí estarías mejor, vente." Pero dicen "los que entienden" que el descanso del alma está en otro lugar, así que, como mi alma estaba -está- más cansada aún que el cuerpo, puse tapón de oídos a los susurros de mi dulce cama.

Un Vía Crucis familiar, me pareció. Esta familia comenzó su primera estación en casa -templo- y continuó por las calles. Cada cruz fue llevada por un miembro que pertenece a los distintos grupos de la casa, y el último, el Crucificado que, fue llevado a hombros por hermanos de la familia. Todo en silencio, tan solo con el sonido de un hierro -no sé cómo se le llama- que otro hermano marcaba el paso a golpe de "tan, tan, tan, tan,..."

Unas cruces pesaban más y otras menos, decían algunos. La que llevé en una de las estaciones pesaba bastante o quizá es que puedo con poco. Tomé la cruz, dí diez pasos y pensé: "¡La madre!, lo que pesa esto, ¿no?" Y mientras la llevaba tuve tiempo de pensar en que así pesa mi cruz, no la de madera, pero que nadie viene a relevarme como en ese caso lo hizo "alguien" en la siguiente estación.

En mi estar sin saber si estaba, contemplaba; y veía pasar por cada cruz las manos niñas, jóvenes, mayores y ancianas. Todos llevaban la cruz en su momento. Cada uno con su cruz, esa que no vemos, pero que como familia... sí sabemos. 

Me sobrecogía ver a quien tiene cáncer, a quién está colmada de dolores, a quien tiene seca el alma, a quien es alcohólico, a quien no tiene para comer, a quien se ha separado, a quien su hijo se está muriendo, a quien se murió su marido, a quien le pega su marido, a quien tiene a su hermanita de tres meses en el hospital, a adolescentes que sus padres no quieren, a quien tiene a su hijo en el psiquiátrico, a quien pide en la puerta de la casa -templo-, a quien va en silla de ruedas,... Todos a una con el Uno; todos en la cruz con la Cruz; todos estanto con el que Estuvo por nosotros colgado. 

_ Me preguntaba una nena de once años: "¿Puedo llevarla otra vez?"
_ Pesa mucho, dijiste antes, ¿quieres repetir?, le respondí. 
_ "Sí, aunque pesa... quiero."
Y la llevó. 

Esa nena fue testimonio para mí.

Las cruces se quedaron allí, así como el Crucificado, pero cada uno regresó, de madrugada, a la cama con su cruz, esa en la que nadie te puede relevar pero que sabemos que nos da la Vida.

#ValienteEnCristo   

 

sábado, 15 de abril de 2017

Aprendiendo a esperar

Así dice el Señor: «En su aflicción madrugarán para buscarme» 
(Os 5, 15c)



Esperando...

Quizá, más que esperar lo que hoy muchos esperamos, espero con ansia que, como a san Dimas, el buen ladrón, Cristo me abra hoy la puerta del Paraíso.

Ayer en la iglesia, al salir del banco, en orden y silencio para adorar la Cruz, el seminarista decía unas palabras a cada uno; uno a uno, el mismo mensaje: "Si puedes, haz una genuflexión". Y en la fila, pensaba: "No tendría que hacer una genuflexión, sino que tendría que tirarme al suelo porque no sé cómo agradecer tanto." Parecerá -ojala y no- un pensamiento pío, pero es que, cuando solo das mal y te devuelven bien, al menos yo, no sé cómo agradecerlo.

Qué lejos estoy de parecerme al Siervo. Siempre estoy devolviendo mal, quitándo la mejilla cuando me quieren pegar, devolviendo lo que me hacen, no aguantando los insultos o las humillaciones, buscando ser alguien,... 

Al besar al inmenso -así me lo pareció- Crucificado, besé la Vida, y creo que, como nunca antes: con sencillez, silencio y sequedad. Besé al que ocupa mi lugar y, besé el lecho de amor que Dios ha elegido para desposarme. Una cama nupcial fría, sin sábanas y doliente, pero en la que, si hay una sola carne... es posible la descendencia. 


Besar la enfermedad -y todas sus muchas ramas que ella conlleva- porque es el bendito lugar en el que Solo y sola se encuentran, abrazan y poseen para siempre,... hasta la Vida Eterna.

"Preferisco il Paradiso", decía san Felipe Neri. Prefiero el Paraíso repito con él. Cambio todo por Todo.

Madre mía que sabes esperar, esperemos juntas. Amén.

#ValienteEnCristo

* Nota ¿importante?:

El blog Fiat mihi estuvo siete años "viviendo". Durante esos años, recibí cosas bonitas, pero también muy desagradables: comentarios insultantes, persecución, amenazas, burlas, virus, emails denunciables,... Conocí a personas que me alegra que sigan en mi vida, pero también conocí a personas que nunca me hubiera gustado encontrarme cerca.

Desde finales de 2012 quise cerrar el blog, sin embargo, por diferentes motivos no lo conseguí. Aguanté lo mejor que pude y supe.

Fiat mihi eliminó sus entradas -salvo una- el 4 de octubre de 2016. Cerró definitivamente el 19 de marzo de 2017. Ese mismo día abrí un nuevo blog con el título "Engaña tu alma". Un título dedicado a alguien a quien quiero mucho. Una semana después lo cerré por motivos que no puedo decir.

Ayer dos cosas me hicieron arrancar con un nuevo blog: 

1. El beso al Crucificado. Él no le tuvo -ni tiene- miedo a nadie; a todo dijo que "sí". Y si Él está conmigo, ¿a quién o qué temeré? "Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?" (Rm 8, 31)

2. Luismi (haz clic en las letras rojas). Él es un "tipo" -hermano en la fe- de los que ya empiezan a estar en extinción, y el Señor, que bien lo sabe, le usa muy bien. Es un gesto quizá insignificante donde los haya, pero verle salir de la sacristía revestido para cantar con los seminaristas... dejó... huella (¿una sola palabra para resumir tanto? Jo, qué cortíta soy). 

Y aquí estoy. Abrí el blog ayer, un Viernes Santo, abrazada al Crucificado. Y mi primera entrada en este nuevo blog hoy, un Sábado Santo, abrazada a la Madre del Crucificado. ¿Tengo miedo? Sí, pero allá vamos.

No me apetece escribir; dejaron de interesarme las "evangelizaciones en internet"; me expantan los curas, mojas, laicos que están tan vivos en internet; no quiero halagos ni tengo fuerzas para la humillación, insultos, persecución; no quiero que me lean los que no quiero que me lean; pero... "Debo hacer tu voluntad" (Sal 40, 9).  

Madre sierva, ayúdame a guardar silencio.

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